protección contra incendios

¿Sabías porqué el agua actúa como sistema de protección contra incendios?

Algo de historia del fuego: Es evidente que el fuego existe desde hace mucho. Hay evidencia arqueológica, como huesos carbonizados y ceniza de madera, que indican que los homínidos aprendieron a controlar el fuego hace cerca de 400 mil años.

Se fueron desarrollando maneras de generarlo en diferentes culturas, por ejemplo, se sabe que los antiguos griegos iniciaban el fuego concentrando la luz solar, de hecho esto se sigue haciendo por ejemplo en Los Juegos Olímpicos es los que un espejo parabólico se usa para iniciar el fuego de la antorcha.

El fuego también es parte de celebraciones y ritos entre otros en diferentes culturas.
¿El fuego produce agua? Claro que sí, sólo hace falta poner una cuchara fría encima de una llama para ver condensarse el agua en ella.

Esto pasa porque la cera, como la mayoría de los combustibles, es rica en hidrógeno, quien se une con el oxígeno para crear H2O cuando enciende. También encuentras agua en el escape de tu automóvil.

Y ¿Por qué el agua apaga el fuego y actúa como sistema de protección contra incendios? Existen principalmente tres razones y son las siguientes:

  1. El agua es un buen agente extintor porque es incombustible, no puede arder.

  2. Absorbe el calor. Otra posibilidad de impedir que el fuego continúe consiste en disminuir el calor, de modo que el combustible no pueda seguir reaccionando con el oxígeno. El agua absorbe rápidamente el calor que el fuego desprende, de tal manera que se transforma en un gas llamado vapor de agua. En este proceso absorbe gran cantidad de calor y, en consecuencia, disminuye la temperatura del fuego, lo enfría; evitando así la reacción entre el combustible y el oxígeno.

Los Bomberos utilizan pitones especiales en sus mangueras, que lanzan el agua en forma de neblina (es decir, como gotitas muy pequeñas), con lo cual facilitan que el agua se convierta en vapor, lo que permite absorber el calor rápidamente.

  1. Aísla del oxigeno, una vez apagado el fuego en una zona, el agua lo moja y evita que éste vuelva a prender, al protegerlo con una ligera capa incombustible que la aísla del oxígeno.

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